Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone

(John) Ford había escogido a Jimmy (Stewart) para el papel de héroe. Tenía a Andy Devine para el humor inteligente. Y a Lee Marvin como el llamativo villano y, mierda, yo sólo me paseaba por la película”.   (John Wayne sobre Tom Doniphon en El hombre que mató a Liberty Valance, de acuerdo con Tras la pista de John Ford de Joseph McBride).

 

En 1962 Johny Wayne ya había dejado muy atrás su verdadero nombre (Marion Robert Morrison). Era una estrella indiscutible de Hollywood, actor de prestigio internacional e icono viviente. Había participado en más de cincuenta películas, protagonizado varias decenas de ellas y, por sus papeles en Arenas sangrientas (Sands of Iwo Jima de Allan Dwan, 1949) y El Álamo (The Alamo, dirigida por él mismo en 1960), aspiró al Óscar a Mejor Actor.

Sin embargo no tuvo reparos en aparcar otros proyectos para ponerse de nuevo a las órdenes de John Ford en un desafío a las concepciones cinematográficas modernas que exploraban nuevos caminos en cuanto a interpretación, técnica y vías narrativas: un western clásico rodado en sobrio blanco y negro, con un reparto de veteranos que ya implicaba entonces cierta nostalgia y cuyo argumento se desarrollaba principalmente en interiores iluminados de forma teatral.

El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance de JohnFord, 1962) partía de un relato breve del mismo título publicado por la reputada Dorothy M. Johnson en 1953, recogido en diversas antologías y considerado como uno de los mejores relatos western (si no el mejor) jamás escrito. La labor de guionización corrió a cargo de Willis Goldbeck y James Warner Bellah, también célebre autor de relatos western entre los que destacan aquellos que inspiraron la Trilogía de la Caballería del propio John Ford: Fort Apache (Fort Apache, 1948), La legión invencible (She wore a yellow ribbon, 1949) y Río Grande (Rio Grande, 1950).

En entrevistas posteriores John Wayne reconoció no haberse sentido cómodo en el papel. Le parecía que el héroe de la historia era el abogado/senador interpretado por James Stewart, que los diálogos mas cómicos correspondían al disparatado marshal construido por Andy Devine y que ambos, junto a la vistosidad del atuendo y el carácter del villano (Lee Marvin), hacían sombra al personaje que le había tocado a él: un cowboy rudo que aún se rige por los viejos códigos que, al final, decide hacerse a un lado y salir de escena.

A John Wayne no le parecía un verdadero protagonista. Pero, al contrario, John Ford le acababa de regalar el papel más contenidamente complejo de su carrera. Un antihéroe trágico, quizá tan sombrío como su magnífico Ethan Edwards en Centauros del desierto (The searchers de John Ford, 1954).

Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. El hombre que mató a Liberty Valance

El argumento de El hombre que mató A Liberty Valance es aparentemente sencillo:

El veterano senador Ransom Stoddard (Ransome Ranse Foster en el relato original, interpretado por James Stewart) y su esposa Hallie (Vera Miles) llegan desde Washington a Shinbone en un incómodo y largo viaje en diligencia para asistir al funeral de un anciano anónimo. Su presencia en la localidad despierta la curiosidad de los periodistas del Shinbone Star, que no dudan en irrumpir en el reducido velatorio para averiguar la relación del respetable matrimonio con el difunto. En un enorme flashback que abarca casi toda la película (y que a su vez alberga otro más breve pero fundamental), el senador Stoddard cuenta a los periodistas como las circunstancias le obligaron a enfrentarse al forajido Liberty Valance (Lee Marvin) y el papel que el hombre al que van a enterrar, Tom Doniphon (John Wayne), desempeñó en la historia. Lo que el senador relata es la creación de su propio mito, la construcción de una leyenda sustentada sobre cimientos demasiado frágiles. Su declaración comienza años atrás, cuando Tom Doniphon llevó al joven abogado Ransom Stoddard a Shinbone, malherido después de que la banda de Liberty Valance asaltara su diligencia y le propinara una salvaje paliza.

Tom Doniphon es un hombre honesto que cría caballos pero que tiene una relación familiar con las armas, es despreocupado pero valiente, se guía por un código simple donde no tiene cabida el progreso que probablemente no está preparado para afrontar, y tiene un objetivo claro: prometerse con Hallie Ericson, una joven sin estudios que trabaja en el restaurante de sus padres donde se reúne medio Shinbone cada noche de sábado. Para Hallie está ampliando su propia casa con una habitación que compartirán cuando se casen, pero que nunca llegará a terminar.

En oposición, el abogado Ransom Stoddard representa la llegada de la civilización, del temido ferrocarril, del territorio domesticado, de las leyes y las normas, de la política y la cultura. La visión más amplia y profunda del mundo que trae consigo el abogado Stoddard hace que Hallie Ericson se incline hacia ese tipo de hombre que ella no conocía. Un hombre moderno y abanderado de un mundo donde los forajidos como Liberty Valance, pero también el anquilosado Tom Doniphon, han de quedar desplazados.

El abogado Stoddard desprecia el uso de la violencia, le repelen las armas y reprueba cualquier abuso. Su fama de hombre de estrictos principios pronto empieza a precederle. Funda una escuela en la que todos son bienvenidos: desde Hallie Ericson hasta Pompey (el compañero y amigo de Doniphon al que, por ser negro, se le niega el consumo de alcohol en el bar), la hija del marshal o los trabajadores de un rancho. En el aula se aprende a leer y escribir, pero también se discute de historia, leyes y derechos, y se analizan los artículos críticos que el periodista Dutton Peabody (Edmond O’Brien) publica en el Shinbone Star. Pero cuando Stoddard empieza a ser considerado una figura política, la amenaza latente que era Valance se convierte en real. Su banda, al servicio de los grandes ganaderos, asalta el periódico y deja malherido a Mr. Peabody. Es entonces cuando el abogado empuña un arma y dispara contra el forajido. Con ese disparo certero Stoddard habrá traicionado todo aquello en lo que cree. Pero también será ese acto de valentía (o quizá solo impulsivo y desesperado) el que terminará de encarrilar su carrera política. Matar a otro hombre, el crimen que considera más condenable, convertirá a Ransom Stoddard en un mito.

Pero Stoddard no es el único que da la espalda a sus códigos. Tom Doniphon pronto comprende que Hallie desea salir de su mundo. Quedará bien claro cuando Stoddard hable de rosas a Hallie, de rosas de verdad y borrachas de agua, mientras Tom solo ha podido ofrecerle una flor de los cactus que crecen en su agreste propiedad. Aún así, Doniphon le brindará a Stoddard su ambigua protección. Pero después de que Stoddard acabe con Valance, Doniphon admitirá definitivamente que está fuera de lugar. En un arrebato catártico animado por el alcohol y el desengaño prenderá fuego a su propia casa, destruyendo simbólicamente la habitación sin terminar que preparaba para Hallie. A duras penas será su fiel amigo Pompey (Woody Strode) quién lo apartará de las llamas. Doniphon, tendido en el suelo, se preocupa por la suerte de los caballos encerrados en el corral. Es un momento revelador: aunque suele mostrarse cínico, Tom es un hombre noble. Su carácter, su actitud ante la existencia y el mundo, son fruto de la adaptación al árido paisaje. Ese que los hombres como Stoddard terminarán cambiando. Sin embargo Doniphon, por amor a Hallie, se hará a un lado y animará a Stoddard en su carrera política. Aunque su forma de vida peligre y el mundo que conoce se extinga. “Tú le has enseñado a leer y escribir… Dale ahora algo sobre lo que leer y escribir”, le dice al abogado cuando está a punto de rechazar su nombramiento.

La entrevista del senador Stoddard con los periodistas del nuevo Shinbone Star termina haciendo una última revelación. La misma que Tom Doniphon le hizo después de quemar su casa: no fue el abogado quien acabó con Valance aquella noche, sino que Doniphon lo abatió con su rifle desde una calle lateral. Doniphon le salvó la vida, disparó a traición desde las sombras a Liberty Valance y cedió a Stoddard el dudoso mérito de matar a otro hombre.

Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. Lo primero que vemos de Tom Doniphon (John Wayne) en El hombre que mató a Liberty Valance es su ataúd velado por Pompey (Woody Strode).

Al descubrir el último secreto es cuando volvemos a la funeraria donde ha tenido lugar la conversación del senador Stoddard con los periodistas. Y algo se nos remueve dentro cuando, para no dañar la reputación y la carrera del político, los periodistas deciden seguir manteniendo oculta la verdad. Tom Doniphon habrá de seguir siendo un ciudadano anónimo para que el senador mantenga su estatus de leyenda. Ambos han demostrado su valentía y su decisión. Ambos han defendido su modo de ver las cosas y también han terminado claudicando y traicionando sus códigos. Pero el sacrificio de Tom Doniphon se nos antoja más cruel porque lo hemos visto desmoronarse consumido, lo sabemos olvidado y, por fin, muerto en un ataúd modesto y velado solo por el fiel Pompey.

Somos conscientes entonces de que lo primero que hemos visto de Tom Doniphon es, precisamente, su ataúd. Al principio no sabíamos quien estaba dentro. Ahora sabemos que es Doniphon. El hombre que mató a Liberty Valance. Y recordamos la indignidad que hemos descubierto con el propio Stoddard al mirar dentro de la caja: que el cadáver de Tom Doniphon había sido desposeído de sus botas. Eran unas buenas botas, se excusa el encargado de la funeraria, y no podemos dejar de sospechar que eso era lo único de valor que le quedaba a Doniphon. Sus botas y su orgullo.

Porque Tom Doniphon, al fin y al cabo, es el Cyrano de Shinbone. Quizá John Wayne debería habérselo pensado un poco más antes de cuestionar la heroicidad, el protagonismo, el carácter o la valía de tan inmenso personaje.

El mosquetero que retrata Edmond Rostand en Cyrano de Bergerac accede a prestar su alma al cadete Christian para conquistar a su prima Roxane, de la que él mismo está perdidamente enamorado. Su recompensa es saber que el corazón de ella cede tan solo a las palabras que su sensibilidad ordena para expresar las más profundas emociones. Solo cuando, ya anciano y moribundo, Cyrano es capaz de recitar sin luz la última carta que supuestamente Christian escribió a Roxane antes de morir, ella descubre que su amante intelectual y verdadero ha sido siempre el propio Cyrano. En su monólogo final, el magnífico antihéroe exclama soberbio que, aún habiéndolo dado todo por el amor ajeno, aún guarda algo que nadie le habrá de quitar: su orgullo o, simbólicamente, la pluma de su penacho.

Igual que Cyrano protege a Christian, Tom Doniphon vela por Ransom Stoddard. Igual que Cyrano da un paso atrás para favorecer la relación de Roxane y el cadete, Doniphon acepta la inclinación de Hallie por el abogado y lo anima para que prospere su carrera política. Igual que Cyrano pone a disposición de Christian las palabras más hermosas, Doniphon aporta la infalibilidad de su winchester.

Ambos lo dan todo en un sublime acto de generosidad. Por amor, a los dos les queda únicamente su orgullo. A uno la pluma de su penacho, al otro sus botas viejas.

Pero a Tom Doniphon pretenden incluso privarlo de eso, hasta que el enterrador reaparece con las botas para nuestro alivio. Sin embargo, es difícil no darse cuenta de lo que ha conseguido John Ford con ese detalle que no aparece en el relato original. Si lo primero que hemos visto de Tom Doniphon era su ataúd, lo penúltimo son sus botas vacías, suspendidas en el aire mientras las sujeta el enterrador. Las suelas ya no tocan el suelo. No hacen su papel porque el hombre ha muerto. Ya no vive, no camina. Aunque Stoddard lo ha redimido ante nuestros ojos, la historia le niega su mitificación. Ha estado a punto de convertirse en una leyenda, pero Doniphon seguirá siendo un cowboy anacrónico y olvidado. Nadie, ni siquiera un nombre. La única concesión a su sacrificio será recuperar sus botas.

La construcción de los mitos es puramente accidental o, al contrario, calculada al milímetro desde los márgenes de la Historia. En El hombre que mató a Liberty Valance los acontecimientos son espontáneos, pero los más fundamentales ocurren en la “trastienda” y conforman la tramoya sobre la que se sustentará la leyenda: un camino polvoriento durante la noche, la cocina de un restaurante donde se alimentan los miedos y contradicciones de Shinbone con enormes steaks,  el anexo inacabado de una casa aislada, el despacho de un periódico reconvertido en escuela improvisada, una calle lateral desde la que dos sombras acechan un enfrentamiento, una habitación apartada del salón donde se dirime una cuestión política y, finalmente, la dependencia de una funeraria donde se vela un ataúd que guarda el secreto de un hombre generoso cuyo nombre quedará olvidado.

la leyenda del senador Stoddard nace de una falsedad prolongada en el tiempo y que, para nuestro estupor, seguirá manteniéndose. Dentro de la ficción, el sacrificio de Tom Doniphon será enterrado con él y nunca será revelado. Sin embargo, nuestro privilegio como espectadores (o lectores) es el de conocerlo y poder decidir quién merece nuestro respeto y nuestra incondicionalidad mitomaníaca.

El recuerdo o el olvido dependerá, en última instancia, del empeño e intereses de aquellos que nos sobrevivan. No necesariamente de lo que hayamos decidido y demostrado durante nuestra vida. “Recuérdalo, peregrino”.

Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. La suela de las botas de Tom Doniphon no tocan el suelo. El hombre ya no vive, ya no camina. Aunque por fin el senador Ramson Stoddard lo redime, sus confidentes deciden negarle su mitificación. Doniphon no será una leyenda, solo un cowboy anónimo. Nadie.

Para terminar, démosle una satisfacción postrera a Tom Doniphon. Se lo merece.

Lo último que vemos cuando el senador Stoddard abandona la habitación que guarda el ataúd es una flor de cactus que alguien ha puesto encima de la tapa. Lo que sigue son las últimas líneas del relato de Margaret M. Johnson, similares a la última escena en el tren de la película de John Ford.

Mientras el senador y su esposa regresaban a casa después del sombrío funeral de Bert Barricune (Tom Doniphon en la película), Hallie suspiró. “Bert nunca tuvo mucho. Supongo que tampoco ambicionaba demasiado”, dijo. Quería que fueras feliz, pensó Ranse Foster (Ransome Stoddard en la película), y lo hizo lo mejor que supo. “Me pregunto de dónde habrán venido esos brotes de nopal”, musitó él. Hallie lo miró sonriente. “Los traje yo”. 

Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. Una flor de cactus sobre el ataúd de Tom Doniphon.

Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. El hombre que mató a Liberty Valance (DVD)

Edición de 2004 dentro de la colección Widescreen Collection de Paramount Pictures. Es un lanzamiento muy básico, en caja de plástico negra, con un montaje de dudoso gusto a modo de cartel e insert simple con el tracklist o listado de escenas seleccionables en el menú del DVD.

  • Idiomas: inglés (5.1); alemán, francés, italiano y español (mono); inglés restaurado (mono)
  • Formato: panorámico anamórfico 1.85:1
  • En blanco y negro (¡por supuesto!)
  • Duración aproximada: 118 minutos
  • Extras: tráiler de cine
Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. Edición en DVD de 2004 de El hombre que mató a Liberty Valance, incluye insert con escenas seleccionables en el menú.
Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. Edición en DVD de 2004 de El hombre que mató a Liberty Valance, con listado de escenas del menú y disco.

Tom Doniphon, o el Cyrano de Shinbone. El hombre que mató a Liberty Valance (relato)

En 2011 la Editorial Valdemar abordó una nueva aventura: la publicación de una cuidada serie de novelas “del oeste” bajo la denominación Valdemar Frontera (colección dirigida por Fernanado Lara). El western, desde el punto de vista literario, suele ser un género menospreciado. En España se asocia instintivamente a aquellas novelitas (pulp, las llamaríamos ahora) que se vendían en los estancos y que venían firmadas por el equipo familiar de Marcial Lafuente Estefanía o, por citar otro ejemplo, por la mano femenina de Paul Lattimer (Teresa Núñez). Sin despreciar los méritos de estas publicaciones y autores que se acercaron al mítico escenario del Territorio y la frontera con intrepidez pero con limitaciones comprensibles, la selección de títulos que propone Valdemar Frontera es otra cosa.

En el momento de la publicación de este post Valdemar Frontera ha llevado a nuestros anaqueles abarrotados, con la calidad acostumbrada en los volúmenes de esta editorial en cualquiera de sus otras colecciones, hasta 16 títulos. Entre ellos, encontramos novelas como El trampero de Vardis Fisher, inspiración directa de Las aventuras de Jeremiah Johnson (Jeremiah Johnson, de Sidney Pollack, 1972); Centauros del desierto de Alan Le May, que dio lugar a la mítica película del mismo título de John Ford (The searchers, 1954); Shane de Jack Schaefer, en la que se basó Raíces profundas (Shane, de George Stevens, 1953) y por extensión El jinete pálido (Pale rider, de Clint Eastwood, 1985); o El rebelde Josey Wales de Forrest Carter, que dio origen a El fuera de la ley (The outlaw Josey Wales, también de Clint Eastwood, 1976).

Valdemar Frontera también se ha atrevido con la traducción y publicación de un extenso ensayo (muy literario) de Bernard DeVoto, titulado Más allá del ancho Misuri, que inspiró la película Across the wide Missouri (William A. Wellman, 1951).

Además de novelas de diversa extensión y el ensayo mencionado, Valdemar Frontera no ha desatendido los relatos cortos y ha publicado varias recopilaciones de autores como Elmore Leonard (“El tren de las 3.10 a Yuma” y otros relatos del oeste), James Warner Bellah (Un tronar de tambores, de donde salieron las líneas fundamentales de la Trilogía de la Caballeria de John Ford) o, sobre todo, de Dorothy M. Johnson (“El árbol del ahorcado” y otros relatos de la frontera e Indian Country: Un hombre llamado caballo, El hombre que mató a Liberty Valance y otras historias del Far West).

Indian Country: Un hombre llamado Caballo, El hombre que mató a Liberty Valance y otras historias del Far West de Dorothy M. Johnson (Valdemar Frontera, 2011).

Indian Country: Un hombre llamado Caballo, EL hombre que mató a Liberty Valance y otras historias del Far West de Dorothy M. Johnson es el título que inició en 2011 la colección Valdemar Frontera de Editorial Valdemar. Un principio, desde luego, muy prometedor. 

El volumen de 264 páginas se presenta en tapa dura con ilustración de Frederic Remington (Pony tracks in the buffalo trail, 1904) en la portada, e incluye los siguientes relatos en la traducción de José Menéndez-Manjón:

  • La frontera en llamas (Flame on the frontier)
  • El incrédulo (The unbelieber)
  • El chico de la pradera (Prairie kid)
  • El exilio del guerrero (Warrior’s exile)
  • Viaje al fuerte (Journey to the fort)
  • El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance)
  • La camisa de guerra (War shirt)
  • Más allá de la frontera (Beyond the frontier)
  • Marcas de honor (Scar of honor)
  • Reírse frente al peligro (Laugh in the face of danger)
  • Un hombre llamado Caballo (A man called Horse)
El hombre que mató a Liberty Valance. Bert Barricune murió en 1910. A su funeral no fueron más de una docena de personas. Entre ellos estaba un destacado y joven periodista que esperaba encontrarse con una historia de interés humano. Corría la leyenda de que el viejo había sido una especie de pistolero en sus años mozos… (…)

Deja un comentario