El rencor del antihéroe

De sobra sabes que no eres ningún príncipe y que nunca lo serás, porque eso se hereda y tus padres tienen una frutería. Tampoco eres un pirata, ni un caballero andante, ni un astronauta, ni cazas vampiros. Solo eres un ni repetido hasta el infinito. Estás por debajo de la talla media y llevas unas gafas enormes que resbalan por tu nariz con el sudor. Y, para tu pesar, sudas mucho si te atascas con una ecuación o cuando te toca lucirte en clase de gimnasia. Lo tuyo no son los ejercicios: ni los de matemáticas ni los físicos. Más níes para tu colección. Tienes las piernas arqueadas y el culo gordo. Por eso les encanta perseguirte. No eres un héroe. No tienes madera y tampoco sabes donde conseguirla.

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Correr detrás de un perro

Relato premiado como finalista en el Concurso de «Cuentos de Aventuras» (#ZendaAventuras) de la web «Zenda Libros» fallado el 17 de mayo de 2019 por un jurado compuesto por: Juan Eslava-Galán, Espido Freire, Juan Gómez-Jurado, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Vázquez.

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Una (pre)historia de España: Altamira

Son tiempos de frío. De un frío primigenio que favorece el aprendizaje, la evolución y que las culturas se sucedan —del Solutrense al Magdalaniense y luego al Aziliense que está por llegar—, sin suprimirse por cuestión de credos o coronas. Eso vendrá con el nombre de Ishapan.

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1971. De paquetes y pacatos

Aquella tarde de 1971 el censor de la Dirección General de Cultura Popular y Espectáculos del Ministerio de Turismo no debió tener demasiadas dudas.

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El caso de la escritora rechazada

Londres, 5 de febrero de 1921.

Querida prima Amelia,

No puedo estar más orgulloso de ti. Resulta que mi primita Amy, con la que antes de ayer andaba decapitando los macizos de peonías de la tía Mildred, se ha convertido en una de las primeras graduadas en Oxford. Tarde o temprano las puertas de la Universidad tenían que abrirse para mujeres como tú. Era incomprensible que pudieras asistir y examinarte como oyente sin tener derecho al título. ¡Pero si tus calificaciones eran siempre mejores que las mías y aguantabas despierta las conferencias de mister Collingwood sobre Beowulf y Widsith! Espero que ahora, ya graduada, tu solicitud para entrar de ayudante en Saint Hugh College obtenga una respuesta favorable. ¡Quizá llegues a ser la primera profesora de Oxford! Te honra no recurrir a la influencia del tío Chester, aunque fíjate en mí: sigo ejerciendo de lector en la editorial de mister Ogilvie por no aceptar el puesto en el periódico para el que me recomendó tu padre.

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La misión del Olentzero

El elfo entra con la carta en el despacho y se acerca al escritorio. Es alto como una muralla, así que tiene que empinarse sobre las puntas de sus zapatos curvos para mirar por encima del tablero cubierto de documentos. Al otro lado, una distinguida barba de rizos blancos permanece absorta en un rollo de papel que cae hasta el suelo por el borde de la mesa. El elfo agita el sobre para llamar su atención.

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El regalo perfecto

La noche, como la de ayer, será silenciosa y fría.

Las articulaciones le dolerán cuando se recueste para mirar estrellas. Aguardará con paciencia a que las nubes le permitan asomarse a un hueco, pero no tendrá la suerte de encontrar ninguna como la que busque. Querrá una grande y con cola de purpurina, como la que los niños pegaban en el cielo de celofán del nacimiento. Le encantaba observar el decorado de corcho habitado por figuras que parecían vivas, hasta que le prohibieron acercarse porque ya andaba algo torpe y podía derribar un pastorcillo. Seguro que este año también lo montarán sobre la mesita del recibidor, junto al espejo dorado de la abuela.

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