Una pinta de inspiración

Londres, octubre de 1843.

El escritor ocupaba la mesa más esquinada y oscura de Eb & Marley’s para evitar que algún admirador pudiera reconocerlo. Las peculiaridades del tabernero hacían de aquel local el más tranquilo en esa ribera del Támesis. El escritor necesitaba concentrarse y por eso había evitado el bullicioso The Prospect of Whitby, sin duda su preferido.

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Os traigo una buena nueva

Don Marcelo tiene la mirada fija en la fiambrera llena de croquetas frías. Con suspiros de resignación recuerda el asado de la Nochebuena anterior y se relame describiendo la perfección del dorado de las patatas. Doña Carmen le da un codazo y le acerca el recipiente.

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Compañeros de viaje

En su retroceso el oso ha terminado por arrinconarse. Está justo en el borde, lo tengo acorralado. Sabe que si se zambulle no tendrá ninguna posibilidad. Está muy débil, su instinto le dice que solo se salvará si me sorprende en un descuido. Es un animal magnífico, no importa que la sangre que mana de sus heridas ensucie el pelaje blanco. Ya no se encuentran piezas así. En el Gran Desierto, en el Vertedero Internacional y cerca de las Tierras Sumergidas casi se ha extinguido la diversión. Las cumbres, tratados y acuerdos solo han servido para elevar el precio de los trofeos. La licencia me ha costado una fortuna, pero la expedición a lo que queda del Ártico merece la pena.

El oso me mira y gruñe. Estoy tan cerca que puedo sentir su aliento. Afianzo los pies sobre la película de agua que cubre el hielo. Lo noto frágil y quebradizo. Toda esta zona desaparecerá pronto también, fundida con el océano. Levanto el rifle, pero un crujido inesperado me hace errar el tiro. El hielo cede bajo mis botas, estoy a punto de caer y soltar el arma. El oso trota hacia mí. Pienso que me va a atacar, pero en realidad ha comprendido la situación antes que yo. Intenta alcanzar el borde opuesto para saltar a hielo firme. Le fallan las fuerzas y se desploma a mi lado. Podría rematarlo en este instante, pero el fragmento de hielo en el que estamos atrapados es muy pequeño y debo apartarme para equilibrar su peso. No me atrevo a saltar. Si caigo al agua, a pesar de los grados que ha aumentado en las últimas décadas, estaría perdido.

El oso sigue mirándome. Jadea y apenas puede moverse. Nuestro islote de hielo se aleja poco a poco y de sus bordes se desprenden fragmentos cada vez más grandes. Si no reacciono terminaremos a la deriva en un bloque de hielo que no tardará en desaparecer. Meto el rifle en su funda impermeable y lo uso como remo. Lo único que consigo es que el bloque gire sobre sí mismo. Debería remar por ambos lados a la vez para avanzar en línea recta, pero es imposible. Pienso que debería deshacerme del oso para aligerar peso. Es una lástima perder su cabeza, pero no tengo más remedio. Me levanto para preparar el rifle. El oso se mueve y me doy cuenta de que está imitando mi desesperado intento. Ha descolgado una de sus patas sobre el borde para dar zarpazos al agua. Vuelvo a mi sitio y me pongo a remar mirándolo de reojo.

¡Avanzamos! Si me lo cuentan jamás lo hubiera creído. Ahora en el mundo solo existimos el oso y yo. Y nuestro mundo, reducido a este pequeño trozo de hielo, peligra. Está abocado al desastre, la cuenta atrás se precipita. He estado a punto de matar al único ser que podía salvarme. Él me necesita y yo dependo de su esfuerzo. Si hubiera esperado a que la superficie del islote se redujera lo suficiente para remar por ambos lados, me habría alejado demasiado de la costa. Nos hemos puesto a trabajar juntos en el momento preciso. Pereceremos o nos salvaremos los dos.

Con cada golpe de rifle y zarpa estamos más cerca. Ya no vigilo al oso, me basta con escuchar su resuello para saber que sigue vivo y empujando. Pronto nos movemos entre otros bloques recién desprendidos. Casi podríamos saltar de uno a otro para llegar a hielo firme. Pero no nos arriesgamos y seguimos impulsando nuestro mundo hacia adelante.

Por fin tocamos la orilla helada.

Salto y caigo de rodillas sobre el hielo. No puedo creer que lo hayamos logrado. Busco al oso con la mirada y lo veo renquear fuera del islote. Se queda inmóvil. Me observa con desconfianza y no puedo reprochárselo. Yo asiento con la cabeza, aunque no sé si será capaz de interpretar mi gesto. Es respeto lo que quiero transmitirle. Se gira despacio y comienza a alejarse de mí. Cojea y gruñe de dolor, dejando un rastro de sangre impreso en el hielo. Lo alcanzo y me interpongo en su camino, unos metros por delante. Le sostengo la mirada y siento que un torbellino de preguntas y respuestas se arremolina en mi mente. Nuestro mundo dependía de ambos, y juntos hemos hallado una solución. Termino por comprender la paradoja: nunca lo habríamos conseguido sin cooperar, aunque de no ser por mi acoso tampoco nos habríamos visto en ese trance. 

Cualquiera podría extraer una valiosa lección de esta aventura, pero yo no.

Es mi oso. Lo respeto, pero es mío. He pagado por él.

Saco el rifle de la funda, apunto con cuidado y disparo.

Les Vieilles Canailles: el último Johnny

El pasado domingo, 1 de diciembre de 2019, el nombre de Johnny Hallyday volvió a brillar en caracteres rojos en la mítica marquesina del Teatro Olympia de París.

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El hastagh y el mar

El lamento y la muerte llegaron antes que la pleamar.

La maniobra del remolcador para volver al puerto confirmó el fracaso a la multitud que observaba desde el paseo. El cuerpo inerte se hundía en la arena y los improvisados rescatistas ya habían dejado de rociar con cubos de agua el lomo lustroso de la ballena. La mezcla de rabia y desolación los dispersó. Algunos buscaron consuelo y respuestas en el horizonte. Otros se tendieron sobre las huellas que había dejado una excavadora y cerraron los ojos renegando del cielo.

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El continuo aprendizaje

Salto del pastor (foto: web cuesta-arriba.es)

Quizá no hemos viajado mucho, pero hemos viajado bien.

Era algo que repetían con frecuencia mis padres. Solían hacerlo mientras buscaban el gesto aquiescente del otro y, si estaban sentados cerca, también sus manos por encima del mantel o los cojines del sofá.

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La última travesía de Arístides Cavalcanti

Un crucero de ensueño, decía el folleto. El Oceanic Melodies Cruise invitaba a una experiencia inolvidable para toda la familia, ocho días de navegación en alojamientos espaciosos y confortables. Concursos, animación, espectáculos y música en vivo, actividades deportivas, propuesta gastronómica diseñada por un chef de prestigio internacional y escalas en los cinco mejores puertos del Mediterráneo. Financiable hasta en seis meses.

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Concierto de mujeres rockeras en La Muela: Nat Simons y Cherry & The Ladies.

Concierto de mujeres rockeras: Nat Simons + Cherry & The Ladies. «Pabellón viejo» de La Muela (Zaragoza), 14 de junio de 2019

Concierto de mujeres rockeras en la Muela: Nat Simons

Bajo la reivindicativa denominación de «Concierto de mujeres rockeras» el municipio zaragozano de La Muela nos brindó, durante las fiestas en honor de San Antonio de Padua, una sorprendente noche. El «Pabellón Viejo» se convirtió durante varias horas en uno de esos polideportivos que en las películas y series norteamericanas acogen estereotipados bailes de instituto ambientados en los felices años cincuenta… y que de manera bienintencionada muchas veces terminan caricaturizando el rock and roll way of life. Para la ocasión, animada además por un concurso de disfraces, el pabellón se pobló de Sandys (parecía que Olivia Newton-John era el patrón) y algunas pin ups de todas las edades.

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El rencor del antihéroe

De sobra sabes que no eres ningún príncipe y que nunca lo serás, porque eso se hereda y tus padres tienen una frutería. Tampoco eres un pirata, ni un caballero andante, ni un astronauta, ni cazas vampiros. Solo eres un ni repetido hasta el infinito. Estás por debajo de la talla media y llevas unas gafas enormes que resbalan por tu nariz con el sudor. Y, para tu pesar, sudas mucho si te atascas con una ecuación o cuando te toca lucirte en clase de gimnasia. Lo tuyo no son los ejercicios: ni los de matemáticas ni los físicos. Más níes para tu colección. Tienes las piernas arqueadas y el culo gordo. Por eso les encanta perseguirte. No eres un héroe. No tienes madera y tampoco sabes donde conseguirla.

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Correr detrás de un perro

Relato premiado como finalista en el Concurso de «Cuentos de Aventuras» (#ZendaAventuras) de la web «Zenda Libros» fallado el 17 de mayo de 2019 por un jurado compuesto por: Juan Eslava-Galán, Espido Freire, Juan Gómez-Jurado, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Vázquez.

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