«40 Años de Rock and Roll Actitud», en BCN ciudad

El pasado viernes 14 de diciembre culminó en el Palau Sant Jordi de Barcelona la gira que ha celebrado (bajo apropiado nombre) los «40 años de Rock and Roll Actitud» de Loquillo, contados desde su debut en la sala (cabaret) Tabú de su ciudad. Cuatro décadas de trabajo, constancia y evolución que han articulado una trayectoria única (por sólida, duradera e ininterrumpida) en el rock and roll español. La fecha y la ciudad elegidas no podían ser más simbólicas, coincidiendo con la víspera del 20 aniversario de la grabación (en la antigua sala Zeleste, actual Razzmatazz) de uno de los más míticos álbumes del rock (y punk) español, A por ellos que son pocos y cobardes, de Loquillo y Trogloditas.

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Cincuenta años y un día…

(Un relato de anaquelesabarrotados.com / @anaquelesabarr1, inspirado por el videoclip oficial de la canción Que restera-t-il? del álbum «Le coeur d’un homme» de Johnny Hallyday, Warner 2007)

La estancia no tiene ventanas. ¿Para qué, si como en otros subterráneos que ha conocido no hay nada a lo que asomarse? Solo cuatro paredes de ladrillo grosero que garantizan su confinamiento. Un cristal translúcido reforzado por una malla de seguridad permite intuir la presencia, como manchas húmedas de un test de Rorschach, de los guardias que vigilan desde fuera la puerta metálica. Allí está completamente aislado, aunque si se concentra puede distinguir los golpes de un cubo con agua y una fregona, y también el eco de suelas que van y vienen por el corredor. Un trajín urgente amortiguado por la fúnebre sensación del tiempo que se agota. El tenue chasquido del segundero de un reloj en la pared opuesta no deja de advertírselo.

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Loquillo y Zaragoza… Como jugar en casa

Zaragoza, Pabellón Príncipe Felipe. 1 de diciembre de 2018. 

Es de sobra conocida la afición por el baloncesto de Loquillo, demostrada por su declarada predilección por los Boston Celtics, como patrocinador del Easo Saskibaloi Taldea de Guipúzcoa, en aquellos primeros saltos (que no pasos) como escolta en el Cotonificio de Badalona de Aíto García Reneses y Andrés Jiménez allá por los 80s, y con su amistad con Epi o Roger Esteller, el Tigre de Sants. El conocimiento y práctica de este deporte es lo que últimamente le ha llevado a comparar el rock and roll con el básquet, afirmando que ambos son una cuestión individual que se juega en equipo. Es por ello que durante las últimas décadas el Loco ha dado la cara como solo él sabe hacerlo mientras los fichajes y los secretos de vestuario conformaban la impecable, sólida y espectacular banda con la que se plantó el pasado sábado en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza; precisamente el día del 35 aniversario de que el CAI Zaragoza se proclamara Campeón de la Copa del Rey frente al Barcelona.

Todas la piezas encajaban pues (personal, artística, conceptual y sentimentalmente hablando), con una precisión incuestionable en este espectáculo: lo hicieron con ese ¡click! tan satisfactorio que indica que las esquinas y aristas no se han desgastado, que el tiempo no ha hecho mella, que la estructura sigue firme y que, en el momento de celebrar 40 años de Rock and Roll Actitud, hay ilusión de sobra para no ceder a vientos ni oleaje.

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La melancólica beligerancia de Nacho Vegas

Ha habido que esperar cuatro años desde su último trabajo de estudio, digamos largo («Resituación», Marxophone, 2014), para adentrarse en un nuevo disco de Nacho Vegas.  El título es un sugerente juego de palabras que predispone a las múltiples lecturas que estratifican las canciones de este intérprete, que se mueve entre el crooner tímido y el trovador lúcido y desengañado: Violética. Sus textos no son fáciles, nunca lo son en las canciones de Nacho Vegas. Exigen una escucha concentrada y respetuosa, implicando incluso más de un sentido, porque es en la epidermis donde se inicia el escalofrío que propicia la reflexión. El esfuerzo y el tiempo que necesitan para llegar a su fondo son un desafío infrecuente en el momento que nos ha tocado (o nos hemos empeñado en) vivir, donde los mensajes son directos y cuanto más simplificados para su digestión, mejor.

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Loquillo… cruzando el ecuador en Valencia

Dice el estribillo de una canción de 1988: «No hables de futuro es una ilusión…»

Al escucharlo es difícil que el instinto y la memoria musical no hagan su trabajo y obliguen a completarlo, mentalmente o a pleno pulmón: «¡…cuando el rock and roll conquistó mi corazón!». Podría decirse que esa canción es realmente un himno, y que ese estribillo es una declaración de principios. La de alguien que ha dedicado toda su vida, sin miedo a volar, a un estilo musical tan celebrado como castigado en nuestro país por la indiferencia de algunos medios; pero también es el grito de guerra de esa gente normal que, a pie de escenario, celebra este fin de año un aniversario poco habitual en nuestro país junto a un artista que ha conseguido llegar a varias generaciones con una ininterrumpida y sólida dinámica disco-gira: Loquillo. Son ya 40 años prodigándose por los escenarios, contando sus discos por decenas y sumando, década a década, nuevos clásicos a su extenso cancionero. Por eso los shows que conforman esta mini-gira bautizada como «40 años de Rock and Roll Actitud» rozan las tres horas de duración con una selección de más de treinta temas que recorren toda la trayectoria de Loquillo.

«40 años de Rock and Roll Actitud» ya ha cruzado su ecuador: solo quedan las citas de Bilbao, La Coruña, Zaragoza y Barcelona. El Loco está en un gran momento, la banda cada vez suena mejor y las canciones siguen creciendo y ganando profundidad con cada arreglo añadido. Aún quedan oportunidades y nadie debería perdérsela.

Al fin y al cabo, es historia de nuestra vida. Sí, aunque quizá no lo sepas, también de la tuya.

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Desenterrando Sad Hill: los puentes de Tuco

 El mundo se divide en dos categorías, Tuco: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas.”  (Clint Eastwood como El Rubio en El bueno, el feo y el malo. Sergio Leone, 1966)

«Todos los hombres sueñan, pero no todos lo hacen del mismo modo. Aquellos que sueñan de noche en las polvorientas recámaras de sus mentes se despiertan de día para darse cuenta de que todo era vanidad, pero los soñadores despiertos son peligrosos, ya que ejecutan sus sueños con los ojos abiertos, para hacerlos posibles.» (Thomas Edward Lawrence, conocido como Lawrence de Arabia)

Recuperar el cementerio de Sad Hill tenía visos de utopía. Una utopía de cine, a la medida de aquel enorme semicírculo de 5000 tumbas ficticias que el Ejército Español plantó en el Valle de Mirandilla, Burgos, para el mítico desenlace de «El bueno, el feo y el malo» (Sergio Leone, 1966). Era en su centro, cerca de una tumba anónima (unknown, decía) junto a la de Arch Stanton, donde Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach cruzaban sus miradas en un tenso triello acompañado por un piano obsesivo provisto por Ennio Morricone.

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Loquillo 40 Aniversario: toda una vida

Auditorio Rocío Jurado, Sevilla. 5 de octubre de 2018.

José María Sanz, Loquillo o el Loco para usted y para mí, celebra 40 años sobre los escenarios. Un aniversario enorme y del que pocos (¿nadie, quizá?) pueden presumir en nuestro país. Menos todavía de alcanzarlo sin interrupción en la dinámica disco-gira y, desde luego, nadie con la dignidad y repunte de popularidad que Loquillo ha conseguido en la última década. Un momento dulce para un rocker y una banda que, en las primeras filas de sus conciertos, congrega ya a los nietos de aquellos padres vigilantes que lo miraban tan mal en uno de aquellos himnos primigenios (y ya intergeneracionales), El ritmo del garaje.

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STARDUST FESTIVAL 2018: LO QUE SORIA SE PERDIÓ

Jaime Urrutia + Desvariados + Gallos. Primera jornada del Stardust Festival (Soria). Coso de San Benito, «La Chata», 24 de agosto de 2018.

El Stardust Festival (Globo Producción) de Soria es una propuesta que echó a andar en su primera edición el pasado año 2017. Su concepto nació inspirado por David Bowie y como homenaje a su legado artístico, incluyendo en su logotipo el mítico rayo que cruzaba el rostro de Bowie en la portada del álbum Aladdin Sane de 1973 y tomando el nombre de su alter-ego más reconocido: el alienígena de mirada bicolor que bajó a la Tierra para advertirnos de su final en un plazo de cinco años, Ziggy Stardust.

Parece que la intención de este joven festival, que se ubica en el Coso de San Benito («La Chata»), es combinar en su programación veteranía y emergencia, satisfaciendo así las necesidades, gustos y preferencias de todo aficionado (y también la de curiosos en busca de una oferta sugerente) al rock and roll.  En su primera edición, que se desarrolló en una única jornada, contaron con Coque Malla como cabeza de cartel, Aurora & The Betrayers y Los Zigarros, además de Corazones Eléctricos, Bambikina y Julio Ródenas. De acuerdo con los comentarios cazados al vuelo entre el escaso público y los fotógrafos de los medios locales, el año anterior la asistencia tampoco había sido masiva, algo que nos resultaba sorprendente pensando en el tirón actual del ex-Ronaldo Coque Malla. Sin embargo, los tendidos completamente vacíos de la plaza y el albero despoblado que solo pareció animarse y devolver algo de feedback cuando Jaime Urrutia y Los Corsarios subieron al escenario, hacen dudar de si el Stardust (fruto de evidente esfuerzo e ilusión en los tiempos que corren) es el festival adecuado para Soria… o si Soria es la ciudad adecuada para este festival.

Por eso esta crónica, más que con vocación de servir a los asistentes como refresco futuro de lo acontecido en la primera jornada del Stardust Festival 2018 (que fue mucho y muy bueno), se escribe con intención de mostrar y compartir lo que, literal e incomprensiblemente, Soria se perdió.

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Johnny Hallyday. 75 anniversaire

El 6 de junio de 1944 el ejército estadounidense tomaba la playa de Omaha, en un ataque coordinado con tropas inglesas y canadienses que recuperó la costa de Normandía desbaratando el Muro Atlántico de Rommel. Aquella operación propició el avance aliado hacia el este de Francia y la apertura de un segundo frente que descompuso la estrategia del Tercer Reich. Empezaba la liberación de Francia y el final del nazismo en Europa.

Poco menos de un año antes nacía en el distrito 9 de la todavía ocupada ciudad de París un niño que también tendría sueños de libertad inspirados por, precisamente, los mitos y la iconografía norteamericanos. Fue bautizado como Jean-Philippe Léo Smet, pero sería otro nombre el que lo convertiría en los sesenta en pieza fundamental de otra liberación (más simbólica) que derribó muros morales y sociales: lo hizo primero bajo el título de príncipe del tumulto y, pronto, con el meteóricamente adquirido estatus de ídolo de la juventud francesa.

Todavía era un niño cuando Jean-Philippe Leó Smet acompañó a su tía a Marnes-la-Coquette (en los Altos del Sena) para atender la invitación a compartir un desayuno con Maurice Chevalier. Después de una selección de patés cubiertos con gruyère, el maître propuso la salida de los quesos, a lo que Chevalier protestó: «Eso no puede ser, ya teníamos queso con los patés». Luego se dirigió al pequeño Jean-Philippe y le dijo unas palabras que quedarían grabadas para siempre en su memoria: «Debes preocuparte de la entrada y salida del escenario, en medio solo es cuestión de cantar». Nunca olvidó el consejo y siempre lo puso en práctica a la hora de diseñar sus espectáculos para no repetirse, no defraudar y no dejar jamás de sorprender.

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