“40 Años de Rock and Roll Actitud”, en BCN ciudad

El pasado viernes 14 de diciembre culminó en el Palau Sant Jordi de Barcelona la gira que ha celebrado (bajo apropiado nombre) los “40 años de Rock and Roll Actitud” de Loquillo, contados desde su debut en la sala (cabaret) Tabú de su ciudad. Cuatro décadas de trabajo, constancia y evolución que han articulado una trayectoria única (por sólida, duradera e ininterrumpida) en el rock and roll español. La fecha y la ciudad elegidas no podían ser más simbólicas, coincidiendo con la víspera del 20 aniversario de la grabación (en la antigua sala Zeleste, actual Razzmatazz) de uno de los más míticos álbumes del rock (y punk) español, A por ellos que son pocos y cobardes, de Loquillo y Trogloditas.

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Johnny Cash. Dolor y redencion

Well, you wonder why I always dress in black / why you never see bright colors on my back… (Johnny Cash en The man in black, 1971)

I hurt myself today / To see if I still feel / I focus on the pain / The only thing that’s real… (Johnny Cash en Hurt, 2002)

Won’t you help to sing / These songs of freedom? / ‘Cause all I ever have / Redemption songs… (Johnny Cash con Joe Strummer en Redemption song, 2002)

 

Johnny Cash cantaba sin artificios.

Su voz era tan grave y severa como su vestuario habitualmente negro. Pero sin alterar su reciedumbre ni parecer impostada en su intención, también podía sonar pícara, preceptora o solemne. Capaz incluso de embaucar (por ejemplo con A boy named Sue), agitar (con I got stripes o Cocaine Blues) o emocionar (con Green green grass of home o Greystone Chapel) a los presos de las penitenciarías estatales en las que actuó en varias ocasiones.

Johnny Cash, desde sus inicios en los estudios Sun de Sam Phillips en Memphis, cantaba con la calma natural de un árbol que tiende sus raíces en tierra dura y cubierta de polvo. Sin pensarlo, simplemente haciéndolo. Por necesidad e instinto. Cash construía sus canciones a fuerza de vida (y no de una vida fácil precisamente), y las compartía con prístina sinceridad.

Sin embargo, aún podía alcanzar un grado más de pureza. Entrado ya en sus sesenta, la corteza del árbol empezó a desprenderse en las sesiones producidas por Rick Rubin para American Recordings. Hasta que en 2002, visiblemente castigado por la enfermedad, Johnny Cash nos mostró el alma en toda su desnudez.

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