Loquillo y Zaragoza… Como jugar en casa

Zaragoza, Pabellón Príncipe Felipe. 1 de diciembre de 2018. 

Es de sobra conocida la afición por el baloncesto de Loquillo, demostrada por su declarada predilección por los Boston Celtics, como patrocinador del Easo Saskibaloi Taldea de Guipúzcoa, en aquellos primeros saltos (que no pasos) como escolta en el Cotonificio de Badalona de Aíto García Reneses y Andrés Jiménez allá por los 80s, y con su amistad con Epi o Roger Esteller, el Tigre de Sants. El conocimiento y práctica de este deporte es lo que últimamente le ha llevado a comparar el rock and roll con el básquet, afirmando que ambos son una cuestión individual que se juega en equipo. Es por ello que durante las últimas décadas el Loco ha dado la cara como solo él sabe hacerlo mientras los fichajes y los secretos de vestuario conformaban la impecable, sólida y espectacular banda con la que se plantó el pasado sábado en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza; precisamente el día del 35 aniversario de que el CAI Zaragoza se proclamara Campeón de la Copa del Rey frente al Barcelona.

Todas la piezas encajaban pues (personal, artística, conceptual y sentimentalmente hablando), con una precisión incuestionable en este espectáculo: lo hicieron con ese ¡click! tan satisfactorio que indica que las esquinas y aristas no se han desgastado, que el tiempo no ha hecho mella, que la estructura sigue firme y que, en el momento de celebrar 40 años de Rock and Roll Actitud, hay ilusión de sobra para no ceder a vientos ni oleaje.

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De pepinos, titulares y redes

(Pretendemos hablar de esto sin entrar en política, hacer interpretaciones sobre el espíritu y aplicación de determinadas leyes, analizar el alcance de conceptos como la libertad de expresión, ni cuestionar la trayectoria o los discursos musicales y artísticos de los implicados. No será fácil, pero lo intentaremos.) 

El pasado domingo 22 de abril muchos leímos con estupor un titular que incluía entrecomillada una declaración de José María Sanz, Loquillo, sobre las circunstancias del rapero Valtonyc. Era un titular contundente, sin duda. Tenía pegada. Los titulares relacionados con Loquillo suelen tenerla. No por nada se dice de él que es una máquina de generar titulares. Será porque llega a las entrevistas con los deberes hechos para ponérselo fácil al periodista que vaya a tener delante. Es una forma de controlar y asegurarse de que lo que el medio pone en su boca coincide con el mensaje que el propio Loquillo quiere que trascienda. Un tipo listo, la experiencia es un grado. Además, probablemente, el periodista se sentirá satisfecho porque pensará que el hallazgo del titular es mérito suyo.

Pero esta vez Loquillo parecía no haber medido con la suficiente cautela el alcance de sus palabras. El titular resultaba tan sonoro como un bofetón, e igual de doloroso. ¿Se había descuidado Loquillo sobrepasando los límites de la provocación que siempre ha caracterizado a su personaje? ¿La incorrección política a la que cantaba en uno de sus últimos discos, Luis Alberto de Cuenca mediante, se le había ido de las manos? ¿Realmente el titular reflejaba su forma de pensar en ese tema?

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