Loquillo y Zaragoza… Como jugar en casa

Zaragoza, Pabellón Príncipe Felipe. 1 de diciembre de 2018. 

Es de sobra conocida la afición por el baloncesto de Loquillo, demostrada por su declarada predilección por los Boston Celtics, como patrocinador del Easo Saskibaloi Taldea de Guipúzcoa, en aquellos primeros saltos (que no pasos) como escolta en el Cotonificio de Badalona de Aíto García Reneses y Andrés Jiménez allá por los 80s, y con su amistad con Epi o Roger Esteller, el Tigre de Sants. El conocimiento y práctica de este deporte es lo que últimamente le ha llevado a comparar el rock and roll con el básquet, afirmando que ambos son una cuestión individual que se juega en equipo. Es por ello que durante las últimas décadas el Loco ha dado la cara como solo él sabe hacerlo mientras los fichajes y los secretos de vestuario conformaban la impecable, sólida y espectacular banda con la que se plantó el pasado sábado en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza; precisamente el día del 35 aniversario de que el CAI Zaragoza se proclamara Campeón de la Copa del Rey frente al Barcelona.

Todas la piezas encajaban pues (personal, artística, conceptual y sentimentalmente hablando), con una precisión incuestionable en este espectáculo: lo hicieron con ese ¡click! tan satisfactorio que indica que las esquinas y aristas no se han desgastado, que el tiempo no ha hecho mella, que la estructura sigue firme y que, en el momento de celebrar 40 años de Rock and Roll Actitud, hay ilusión de sobra para no ceder a vientos ni oleaje.

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Nat Simons – Lights Tour. Botas hechas para caminar.

Igual que la red de arrugas que la experiencia va imprimiendo en un rostro, los pliegues del empeine de unas botas son el mapa de un territorio vital. No conviene disimularlas porque definen personalidades únicas. Y las botas que Nat Simons luce sobre el escenario son evidencia de un largo recorrido. Los roces en el filo de las suelas hablan de un camino, de un viaje de búsqueda que llevó a su propietaria hasta los bosques de Carolina del Norte para trabajar mano a mano con Gary Louris (de The Jayhawks, ese gran grupo que quizá llegó un par de décadas tarde) para facturar su último disco, Lights.

Lights llega después de Home on high (2013), Trouble man (EP de 2015) y de su colaboración en el western Stop over in hell (Víctor Matellano, 2017), que le valió una nominación al Goya a mejor canción original por Sometimes. No es poco camino para esta madrileña nacida en el 85 que, con su nuevo disco, ha consolidado su estatus de más notable representante del sonido americana de nuestro país.

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