Próxima parada…

Primavera de 1930. Camino de Cerecedo…

El autobús que atraviesa el Valle de Boñar es un Hispano-Suiza con matrícula leonesa y lo conduce Catalina García González. Ella nació cerca, en Puebla de Lillo, y conoce bien las sinuosas carreteras. Este tramo es de bajada y el vehículo casi tira solo, así que se permite disfrutar del verdor del bosque de Pardomino y del perfil de la Peña San Pedro contra el cielo de media mañana. Se ha puesto en marcha pasadas las siete y ya ha completado el primer trayecto de ida. Pronto verá asomar de nuevo la espadaña de la iglesia de Cerecedo. Durante la parada tendrá que ejercer como cartera, repartiendo el correo que ha recogido en Boñar. Debe darse prisa para completar el recorrido de vuelta y llegar a tiempo a la hora de las comidas en la pensión que también regenta. Su marido trabaja en las minas de San Andrés, como la mayoría de los hospedados en «Casa Catalina». Por la tarde volverá a repetir los dos trayectos con el autobús, hasta Boñar y volver, antes de la hora de las cenas.

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Concilio de sombras. Un cuento de Navidad…

31 de diciembre de 2020...

Cuatro sombras vigilaban al anciano maniatado.

La más voluminosa se apartó para mirar por la ventana. La calle estaba en silencio y las guirnaldas de bombillas se veían duplicadas en la humedad del asfalto. Por la acera opuesta se acercaba una figura solitaria. El ala del sombrero y las solapas alzadas de la gabardina ocultaban su rostro. Cuando llegó a la altura del edificio desde donde era observada, cruzó sin mirar. Esa noche no había tráfico.

Ya llega el reemplazo dijo la sombra sin apartar la vista de la calle.

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Si nos ha tocado así

(«Y ESE ERA EL ÚLTIMO CUARTO. TODO EL MUNDO PREPARADO… ¡AHORA!»)

DONNNNNNG…

Alicia repite que deben empezar sobre la pierna izquierda y cambiar a la derecha, para entrar en el nuevo año con buen pie y atraer la fortuna que ha faltado el último. A sus suegros, que se han quedado en el pueblo, también se lo ha explicado por teléfono. Y sabe que su madre, de quien lo aprendió, también lo hará aunque cene sola. Lydia y Marcos ya se han comido varias uvas a escondidas. Alicia nota la mano de Gerardo en la cintura. Si lo hacemos todos bien, piensa al tomar la primera uva, quizá podamos reabrir pronto el restaurante.

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Que tu madre y mi padre

Relato ganador del primer premio entre más de 800 obras participantes en el concurso «Historias de Viajes» de la web literaria «Zenda Libros» convocado en agosto de 2020, y fallado el 14 de agosto de 2020 por un jurado compuesto por Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y Palmira Márquez.

Quién nos iba a decir que tu madre y mi padre.

Que después de años rumiando su viudedad iban a encontrarse en un curso de repostería. Mi padre, que no distinguía un cazo de una sartén, y tu madre, convencida de que no tenía nada que aprender. Que superada la rivalidad por el bizcocho más esponjoso se apuntarían juntos a una academia de bailes de salón. Tu madre, la de qué poco se lanzan estos hombres en los caribeños, ni que nos fuéramos a romper. Y mi padre, el de que donde esté un pasodoble arrimado que se quiten merengues y lambadas. Que durante el confinamiento iban a echar tanto de menos el compás y los pisotones, y que a ti y a mí casi nos costaría la razón enseñarles a hacer una videollamada. A mi padre, que cada dos por tres aseguraba que antes de existir los móviles sabía de memoria los teléfonos de la familia. A tu madre, que temía la factura sin asimilar el concepto de tarifa plana. Que luego terminarían hablando horas y horas mientras veían la misma película o preparaban cena para uno como si fuera para dos. Tu madre, que al principio solo quería que le pusieras a sus nietos. Mi padre, que tardó lo indecible en comprender que a contraluz se ve una silueta negra.

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A la una… A las dos… ¡A las Wells!

Desde que desapareció, cada jueves he tomado un taxi hasta la casa abandonada de Richmond. El criado me confió la llave cuando tomó la decisión de darse por despedido. Después de una rápida inspección sacudía el polvo de los sillones y me sentaba a leer un diario, despachaba varios cigarros en la sala de fumar o registraba por enésima vez el laboratorio sin encontrar nada que anunciara el regreso del propietario.

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…que tu presencia no la cambio por ninguna

Relato premiado como finalista entre más de 600 obras participantes en el concurso «Historias de Nuestros Mayores» de la web literaria «Zenda Libros» convocado en mayo de 2020. Puedes leer los relatos seleccionados en: Selección.

Desde los primeros días del confinamiento me fijé en su ventana.

Espero que nadie piense que soy un fisgón que mata las horas espiando los bloques de enfrente, pero el estado de alarma y los límites de mi ático me acostumbraron a buscar un panorama más amplio por encima de los tejados. Pasadas las ocho y con el eco de los últimos aplausos todavía en el aire, me habitué a quedarme apoyado en el alféizar viendo declinar la luz entre chimeneas de ventilación y antenas.

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Tu propia aventura

Relato seleccionado entre más de 500 obras participantes en el concurso «Historias de Heroínas» de la web literaria «Zenda Libros» convocado en febrero de 2020. Puedes leer los diez relatos seleccionados en: Selección.

Bienvenida al juego.

Ahora te llamas Berenice. En tu tierra recibiste la ciencia de astrónomos y doctoras. Durante años te entrenaron las más diestras amazonas y los mejores maestros armeros. Aprendiste la diferencia entre luz y tinieblas con sabias hechiceras y magos poderosos. Tus viajes te permitieron dominar varias lenguas. Atravesando océanos de fuego, arena y hielo has llegado hasta aquí en busca de tu destino. Los peligros de la Torre de Cristal te aguardan.

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Helena en la batalla

Helena deja las llaves en el platillo del aparador y el escudo contra la pared.

Busca su reflejo en el espejo de la entrada. Levanta la visera para no mirarse a través de una rendija. Sus ojos parecen hundidos en un cerco oscuro. El día ha sido complicado en el despacho y lleva sin comer nada desde el desayuno. Un dragón codiciaba el mismo proyecto y demasiados paladines le han ofrecido la grupa de sus corceles para llevarla detrás.

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Una pinta de inspiración

Londres, octubre de 1843.

El escritor ocupaba la mesa más esquinada y oscura de Eb & Marley’s para evitar que algún admirador pudiera reconocerlo. Las peculiaridades del tabernero hacían de aquel local el más tranquilo en esa ribera del Támesis. El escritor necesitaba concentrarse y por eso había evitado el bullicioso The Prospect of Whitby, sin duda su preferido.

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Os traigo una buena nueva

Don Marcelo tiene la mirada fija en la fiambrera llena de croquetas frías. Con suspiros de resignación recuerda el asado de la Nochebuena anterior y se relame describiendo la perfección del dorado de las patatas. Doña Carmen le da un codazo y le acerca el recipiente.

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