Loquillo… cruzando el ecuador en Valencia

Dice el estribillo de una canción de 1988: “No hables de futuro es una ilusión…

Al escucharlo es difícil que el instinto y la memoria musical no hagan su trabajo y obliguen a completarlo, mentalmente o a pleno pulmón: “¡…cuando el rock and roll conquistó mi corazón!”. Podría decirse que esa canción es realmente un himno, y que ese estribillo es una declaración de principios. La de alguien que ha dedicado toda su vida, sin miedo a volar, a un estilo musical tan celebrado como castigado en nuestro país por la indiferencia de algunos medios; pero también es el grito de guerra de esa gente normal que, a pie de escenario, celebra este fin de año un aniversario poco habitual en nuestro país junto a un artista que ha conseguido llegar a varias generaciones con una ininterrumpida y sólida dinámica disco-gira: Loquillo. Son ya 40 años prodigándose por los escenarios, contando sus discos por decenas y sumando, década a década, nuevos clásicos a su extenso cancionero. Por eso los shows que conforman esta mini-gira bautizada como “40 años de Rock and Roll Actitud” rozan las tres horas de duración con una selección de más de treinta temas que recorren toda la trayectoria de Loquillo.

“40 años de Rock and Roll Actitud” ya ha cruzado su ecuador: solo quedan las citas de Bilbao, La Coruña, Zaragoza y Barcelona. El Loco está en un gran momento, la banda cada vez suena mejor y las canciones siguen creciendo y ganando profundidad con cada arreglo añadido. Aún quedan oportunidades y nadie debería perdérsela.

Al fin y al cabo, es historia de nuestra vida. Sí, aunque quizá no lo sepas, también de la tuya.

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Desenterrando Sad Hill: los puentes de Tuco

 El mundo se divide en dos categorías, Tuco: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas.”  (Clint Eastwood como El Rubio en El bueno, el feo y el malo. Sergio Leone, 1966)

“Todos los hombres sueñan, pero no todos lo hacen del mismo modo. Aquellos que sueñan de noche en las polvorientas recámaras de sus mentes se despiertan de día para darse cuenta de que todo era vanidad, pero los soñadores despiertos son peligrosos, ya que ejecutan sus sueños con los ojos abiertos, para hacerlos posibles.” (Thomas Edward Lawrence, conocido como Lawrence de Arabia)

 

Recuperar el cementerio de Sad Hill tenía visos de utopía. Una utopía de cine, a la medida de aquel enorme semicírculo de 5000 tumbas ficticias que el Ejército Español plantó en el Valle de Mirandilla, Burgos, para el mítico desenlace de “El bueno, el feo y el malo” (Sergio Leone, 1966). Era en su centro, cerca de una tumba anónima (unknown, decía) junto a la de Arch Stanton, donde Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Walach cruzaban sus miradas en un tenso triello acompañado por un piano obsesivo provisto por Ennio Morricone.

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Loquillo 40 Aniversario: toda una vida

Auditorio Rocío Jurado, Sevilla. 5 de octubre de 2018.

José María Sanz, Loquillo o el Loco para usted y para mí, celebra 40 años sobre los escenarios. Un aniversario enorme y del que pocos (¿nadie, quizá?) pueden presumir en nuestro país. Menos todavía de alcanzarlo sin interrupción en la dinámica disco-gira y, desde luego, nadie con la dignidad y repunte de popularidad que Loquillo ha conseguido en la última década. Un momento dulce para un rocker y una banda que, en las primeras filas de sus conciertos, congrega ya a los nietos de aquellos padres vigilantes que lo miraban tan mal en uno de aquellos himnos primigenios (y ya intergeneracionales), El ritmo del garaje.

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STARDUST FESTIVAL 2018: LO QUE SORIA SE PERDIÓ

Jaime Urrutia + Desvariados + Gallos. Primera jornada del Stardust Festival (Soria). Coso de San Benito, “La Chata”, 24 de agosto de 2018.

El Stardust Festival (Globo Producción) de Soria es una propuesta que echó a andar en su primera edición el pasado año 2017. Su concepto nació inspirado por David Bowie y como homenaje a su legado artístico, incluyendo en su logotipo el mítico rayo que cruzaba el rostro de Bowie en la portada del álbum Aladdin Sane de 1973 y tomando el nombre de su alter-ego más reconocido: el alienígena de mirada bicolor que bajó a la Tierra para advertirnos de su final en un plazo de cinco años, Ziggy Stardust.

Parece que la intención de este joven festival, que se ubica en el Coso de San Benito (“La Chata”), es combinar en su programación veteranía y emergencia, satisfaciendo así las necesidades, gustos y preferencias de todo aficionado (y también la de curiosos en busca de una oferta sugerente) al rock and roll.  En su primera edición, que se desarrolló en una única jornada, contaron con Coque Malla como cabeza de cartel, Aurora & The Betrayers y Los Zigarros, además de Corazones Eléctricos, Bambikina y Julio Ródenas. De acuerdo con los comentarios cazados al vuelo entre el escaso público y los fotógrafos de los medios locales, el año anterior la asistencia tampoco había sido masiva, algo que nos resultaba sorprendente pensando en el tirón actual del ex-Ronaldo Coque Malla. Sin embargo, los tendidos completamente vacíos de la plaza y el albero despoblado que solo pareció animarse y devolver algo de feedback cuando Jaime Urrutia y Los Corsarios subieron al escenario, hacen dudar de si el Stardust (fruto de evidente esfuerzo e ilusión en los tiempos que corren) es el festival adecuado para Soria… o si Soria es la ciudad adecuada para este festival.

Por eso esta crónica, más que con vocación de servir a los asistentes como refresco futuro de lo acontecido en la primera jornada del Stardust Festival 2018 (que fue mucho y muy bueno), se escribe con intención de mostrar y compartir lo que, literal e incomprensiblemente, Soria se perdió.

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KISS: ¿El penúltimo beso?

KISS + Megadeth + The Blackmordia (WiZink Center, antiguo Palacio de los Deportes de Madrid, 8 de julio de 2018)

Hacer la crónica de un concierto de KISS sin caer en lugares comunes es complicado cuando desde hace décadas la estructura de sus conciertos es un ritual prácticamente inamovible: hubo pantallas gigantes, distorsión, maquillajes (encima del escenario y entre el público), lentejuelas, flecos y armaduras, lenguas kilométricas, profusión de pirotecnia, guitarras explosivas, plataformas móviles y tirolinas, baterías y murciélagos voladores, sangre, fuego, lluvia de confetti y un rock and roll tan épico como pegajoso.

Pero en esta ocasión, en la que la banda más caliente de Detroit (y del mundo, of course) se ha limitado a programar cinco únicos conciertos peninsulares (Barcelona, Madrid, Lugo, Córdoba y Lisboa) dejando al resto del mundo sin su espectáculo, planea otro componente: la sospecha de que el final de KISS tal como los conocemos esté cerca. La sucesión renovadora de los miembros históricos de la banda parece un movimiento planificado a corto plazo.

¿Será este el penúltimo beso de “la banda más caliente del mundo”?

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Johnny Hallyday. 75 anniversaire

El 6 de junio de 1944 el ejército estadounidense tomaba la playa de Omaha, en un ataque coordinado con tropas inglesas y canadienses que recuperó la costa de Normandía desbaratando el Muro Atlántico de Rommel. Aquella operación propició el avance aliado hacia el este de Francia y la apertura de un segundo frente que descompuso la estrategia del Tercer Reich. Empezaba la liberación de Francia y el final del nazismo en Europa.

Poco menos de un año antes nacía en el distrito 9 de la todavía ocupada ciudad de París un niño que también tendría sueños de libertad inspirados por, precisamente, los mitos y la iconografía norteamericanos. Fue bautizado como Jean-Philippe Léo Smet, pero sería otro nombre el que lo convertiría en los sesenta en pieza fundamental de otra liberación (más simbólica) que derribó muros morales y sociales: lo hizo primero bajo el título de príncipe del tumulto y, pronto, con el meteóricamente adquirido estatus de ídolo de la juventud francesa.

Todavía era un niño cuando Jean-Philippe Leó Smet acompañó a su tía a Marnes-la-Coquette (en los Altos del Sena) para atender la invitación a compartir un desayuno con Maurice Chevalier. Después de una selección de patés cubiertos con gruyère, el maître propuso la salida de los quesos, a lo que Chevalier protestó: “Eso no puede ser, ya teníamos queso con los patés”. Luego se dirigió al pequeño Jean-Philippe y le dijo unas palabras que quedarían grabadas para siempre en su memoria: “Debes preocuparte de la entrada y salida del escenario, en medio solo es cuestión de cantar”. Nunca olvidó el consejo y siempre lo puso en práctica a la hora de diseñar sus espectáculos para no repetirse, no defraudar y no dejar jamás de sorprender.

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MIL Festival: Loquillo, los chicos están bien

En 1979 The Who protagonizaron una película documental concebida y dirigida por un fan de la banda, que durante varios años llevó a cabo una exhaustiva recolección de archivos audiovisuales (casi) olvidados. El montaje final presentaba a una banda pletórica de energía para la que la imagen y la actitud eran un elemento de expresión casi tan importante como su propia música. Gracias a la mágica frescura de algunas tomas, The Who se mostraron como un grupo de jóvenes inadaptados y exhibicionistas dispuestos a, además de poner en apuros a los conductores de los programas, disfrutar de cada momento.

La fotografía que ilustró la portada del LP con la banda sonora de la película y el póster promocional es ya icónica: los cuatro miembros de The Who aparecen durmiendo en el suelo y recostados contra un bajorrelieve (después de lo que puede imaginarse una larga noche de fiesta). Apoyan la cabeza en el hombro de un compañero con tierna camaradería e inconsciente confianza de unos en los otros. Aunque están envueltos en una Union Jack, el escenario de la imagen no es un rincón londinense que les resulte familiar, sino el monumento a Carl Schurz en Morningside Heights. New York, otro territorio conquistado.  Una canción del LP The Who sings My Generation (de 1965) dio título a la película y perfeccionó el significado de esa imagen de portada: The kids are alright.

La noche del sábado 9 de junio en el Mil Festival (Teruel), también fue una noche de fiesta. Loquillo y su banda fueron exhibicionistas y derrocharon actitud. Salieron a disfrutar haciendo alarde de talento y profesionalidad, pero también de fraternidad y gozo compartido, arropados por una bandera propia que desde hace décadas luce un Pájaro Loco sobre dos tibias cruzadas. La misma bajo la que viajan sus seguidores y que plantan en cada territorio que se rinde a su espectáculo. Pero sobre todo, en este tercer concierto después de casi medio año de merecido descanso tras finalizar su larga y exitosa gira Salud y Rock and Roll, demostraron lo más importante: que los chicos están bien. Muy bien.

Mejor que nunca.

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Navarra Sur Festival: Loquillo y la épica del rock bajo la lluvia

Viernes 1 de junio de 2018. La primera jornada del “Navarra Sur Festival” en Tudela contó con un recurso escenográfico que, aun no siendo inesperado, tampoco fue precisamente bienvenido: una tormenta con importante aparato eléctrico. La meteorología respetó a los dos primeros grupos de la noche (Los Moths y Rufus T. Firefly), pero durante la actuación de Loquillo y su banda una lluvia recia y obstinada obligó a la mayoría del público a protegerse con chubasquero y paraguas. Y decimos “la mayoría” porque algunos fans de primera fila decidieron cerrarlos y disfrutar el show con las manos libres y sin obstáculos que dificultaran la visión, los bailes o los saltos de celebración, entendiendo y viviendo el aguacero, los truenos y los relámpagos como parte del espectáculo.

Las noches de rock y tormenta se recuerdan de forma especial. Hay ejemplos que han pasado a la historia por ese mal recibido visitante que es la lluvia pero que, si quien ocupa el escenario se maneja con sabiduría y hace cómplice al público, termina sorprendentemente calentando aún más los corazones: aquellos días de “paz y amor” en Woodstock en el ’69, el ya mítico show de The Rolling Stones en julio de 1982 en el Vicente Calderón (sí, ese en el que todo el mundo asegura haber estado), los enormes espectáculos de Johnny Hallyday en el Stade de France en septiembre de 1998, el intermedio a cargo de Prince en la final de la SuperBowl en Miami en 2007 o, imborrable recuerdo personal, aquel diluvio sobre Donosti durante la actuación (de principio a fin) de Bruce Springsteen y The E Street Band en Anoeta en junio de 2012.

Quizá en las condiciones que se dieron anoche en Tudela lo “fácil” (hay quien piensa que debe resultar sencillo pero puede que no exista una decisión más odiada para un artista comprometido que suspender una actuación) hubiera sido desconectar sin ni siquiera subir al escenario. Pero Loquillo demostró anoche tener la categoría, la banda y el repertorio necesarios para remontar una situación adversa y no solo sacar adelante el concierto, sino también de dejar al público con ganas de más.

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Nat Simons – Lights Tour. Botas hechas para caminar.

Igual que la red de arrugas que la experiencia va imprimiendo en un rostro, los pliegues del empeine de unas botas son el mapa de un territorio vital. No conviene disimularlas porque definen personalidades únicas. Y las botas que Nat Simons luce sobre el escenario son evidencia de un largo recorrido. Los roces en el filo de las suelas hablan de un camino, de un viaje de búsqueda que llevó a su propietaria hasta los bosques de Carolina del Norte para trabajar mano a mano con Gary Louris (de The Jayhawks, ese gran grupo que quizá llegó un par de décadas tarde) para facturar su último disco, Lights.

Lights llega después de Home on high (2013), Trouble man (EP de 2015) y de su colaboración en el western Stop over in hell (Víctor Matellano, 2017), que le valió una nominación al Goya a mejor canción original por Sometimes. No es poco camino para esta madrileña nacida en el 85 que, con su nuevo disco, ha consolidado su estatus de más notable representante del sonido americana de nuestro país.

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De pepinos, titulares y redes

(Pretendemos hablar de esto sin entrar en política, hacer interpretaciones sobre el espíritu y aplicación de determinadas leyes, analizar el alcance de conceptos como la libertad de expresión, ni cuestionar la trayectoria o los discursos musicales y artísticos de los implicados. No será fácil, pero lo intentaremos.) 

El pasado domingo 22 de abril muchos leímos con estupor un titular que incluía entrecomillada una declaración de José María Sanz, Loquillo, sobre las circunstancias del rapero Valtonyc. Era un titular contundente, sin duda. Tenía pegada. Los titulares relacionados con Loquillo suelen tenerla. No por nada se dice de él que es una máquina de generar titulares. Será porque llega a las entrevistas con los deberes hechos para ponérselo fácil al periodista que vaya a tener delante. Es una forma de controlar y asegurarse de que lo que el medio pone en su boca coincide con el mensaje que el propio Loquillo quiere que trascienda. Un tipo listo, la experiencia es un grado. Además, probablemente, el periodista se sentirá satisfecho porque pensará que el hallazgo del titular es mérito suyo.

Pero esta vez Loquillo parecía no haber medido con la suficiente cautela el alcance de sus palabras. El titular resultaba tan sonoro como un bofetón, e igual de doloroso. ¿Se había descuidado Loquillo sobrepasando los límites de la provocación que siempre ha caracterizado a su personaje? ¿La incorrección política a la que cantaba en uno de sus últimos discos, Luis Alberto de Cuenca mediante, se le había ido de las manos? ¿Realmente el titular reflejaba su forma de pensar en ese tema?

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